El cuclillero es un diario fotográfico que surge del encuentro entre dos cuerpos atravesados por el tiempo: un pastor obligado a habitar la posición de cuclillas y una artista enfrentada a la imposibilidad de sostener la duración.
El proyecto se sitúa en ese espacio intermedio donde la experiencia no se completa del todo: un cruce de presencias, un acontecimiento a medias, una espera compartida. Antonio, el pastor, tiene el cuerpo permanentemente plegado. Descansa en cuclillas —esto es, con el peso del cuerpo apoyado sobre los calcañares—, sostenido apenas por el equilibrio de su vara. Su postura, insistente y desgastada, lo aproxima a una forma de existencia en contacto directo con la tierra, como si la verticalidad hubiese dejado de ser una condición posible. En esa inclinación del cuerpo se inscribe una economía del esfuerzo, pero también una transformación: el gesto repetido convierte al sujeto en otra cosa, desdibuja sus límites, lo desplaza hacia una condición liminar entre lo humano y lo animal. El cuclillero no es únicamente un retrato, sino la construcción de una figura: un cuerpo que, en su persistencia, deviene otra forma de estar en el mundo. El título remite a una expresión popular recogida en Viaje a la Alcarria, donde se describe a aquellos que “duermen en cuclillas” para poder reanudar el trabajo sin demora. Lejos de ilustrar esa referencia, el proyecto la activa como resonancia, como memoria encarnada en un cuerpo que sostiene —en su propio desgaste— una relación continua con el tiempo, el territorio y la supervivencia. A través de una aproximación fragmentaria, la serie articula una tensión entre proximidad y distancia, entre observación y acompañamiento. La artista no documenta, sino que se sitúa dentro de la misma temporalidad que atraviesa al sujeto fotografiado: una duración compartida que convierte la imagen en lugar de encuentro.The Squatter is a photographic diary that arises from the encounter between two bodies marked by time: a shepherd forced to inhabit the squatting position and an artist confronted with the impossibility of sustaining duration.
The project is situated in that intermediate space where experience is not fully completed: a crossing of presences, an incomplete event, a shared waiting. Antonio, the shepherd, has a permanently folded body. He rests squatting—that is, with his body weight supported on his heels—supported only by the balance of his staff. His insistent and worn posture brings him closer to a form of existence in direct contact with the earth, as if verticality had ceased to be a possible condition. In this inclination of the body is inscribed an economy of effort, but also a transformation: the repeated gesture turns the subject into something else, blurs his boundaries, displaces him toward a liminal condition between the human and the animal. The Squatter is not merely a portrait, but the construction of a figure: a body that, in its persistence, becomes another way of being in the world. The title alludes to a popular expression found in *Journey to the Alcarria*, which describes those who “sleep squatting” so they can resume work without delay. Far from simply illustrating this reference, the project activates it as a resonance, as memory embodied in a body that sustains—in its own wear and tear—a continuous relationship with time, territory, and survival. Through a fragmented approach, the series articulates a tension between proximity and distance, between observation and accompaniment. The artist does not document, but rather situates herself within the same temporality that the photographed subject experiences: a shared duration that transforms the image into a place of encounter.